Los adultos mayores son más vulnerables a varias enfermedades en invierno

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Los adultos mayores son más vulnerables a varias enfermedades en invierno
 
Por las características propias de su edad, los adultos mayores son más propensos a presentar ciertos padecimientos en época de invierno.

Enfermedades respiratorias, caídas, quemaduras e incluso depresión aparecen año con año en este grupo de personas alrededor de los meses de diciembre, enero y febrero, dice Raúl Gutiérrez Herrera, jefe del Departamento de Medicina Familiar del Hospital Universitario.

Por ello es necesario prevenir conociendo los cuidados especiales que necesitan una vez que aparecen los cambios de temperatura.

ACCIDENTES

Las caídas, quemaduras e intoxicaciones por monóxido de carbono y gas butano se incrementan en estas personas durante el invierno debido, principalmente, a la falta de inspección del medio ambiente en el que viven, añade el jefe del Departamento de Medicina Familiar del Hospital Universitario.

“Sí hay más accidentes en invierno, hay más caídas y quemaduras, porque van a poner el gas o el calentador…, urgencias está lleno del adulto mayor que se subió a la bicicleta o patineta con el nieto. Los pisos en ocasiones tienden a estar húmedos por el mismo clima, y hay riesgo de resbalarse”.

Las caídas, especialmente en mujeres con osteoporosis, pueden ocasionar fracturas que dependiendo de su gravedad, podrían incluso desarrollar el síndrome de inmovilidad.

“En el adulto mayor el riesgo es que pierda su funcionalidad y que no se valga por sí mismo, lo más difícil es no valerse por sí mismo porque, por ejemplo, lo más importante es ir al baño y ¿qué pasa si no puede ir solo?, va a usar pañal”.

Es importante asegurarse entonces de que los pasillos y habitaciones estén bien iluminadas, que no se deje nada en el suelo con lo que se pueda tropezar, que se use el calzado adecuado, inspeccionar el área donde se encuentre la fuente de calor, si se usa calentador de gas, estufa o chimenea verificar que existe ventilación adecuada y que no haya fugas de gas o materiales flamables cerca, recomienda el médico.

ENFERMEDADES RESPIRATORIAS

Debido al cambio en sus mecanismos de defensa, los adultos mayores son más vulnerables a cuadros respiratorios agudos y enfermedades infecciosas como gripa, neumonía, influenza, herpes zóster y la tos ferina.

“Hay cambios fisiológicos que se dan por la edad, uno de estos cambios es a nivel de área respiratoria, por ejemplo, los adultos tienen disminuido su sistema inmunológico, esto hace que algo que sería normal para que yo me defienda de algo extraño, no lo reconozca”, explica Gutiérrez Herrera.

“Las barreras propias de defensa del organismo disminuyen desde la entrada de la piel; por ejemplo, que se torna más delgadita y puede ser más fácil que entre un traumatismo o infección”.

Para prevenir estos padecimientos es necesario tener al corriente las vacunas de la gripa, enfermedades neumocócicas como la neumonía y la del tétanos.

“Hay virus que en estas condiciones se desarrollan más, y aunque hay una vacuna, los virus van cambiando, por eso la vacuna es para tratar de evitar que se den los virus que se estiman que van a aparecer ahora, son variantes que tiene el virus”, explica el médico.

POLIFARMACIA Y AUTOMEDICACIÓN 

Con la llegada del frío, las enfermedades reumáticas aparecen y con ellas el dolor y la necesidad de tomar más analgésicos, advierte el especialista; además, el exceso de comida alta en grasas y azúcares durante las festividades también puede traer enfermedades como gastritis y/o acidez que provocan la constante automedicación.

“Si el anciano no se siente bien por la medicina, en primer lugar no se la toma, pero ¿cuál es el riesgo? Que tome por su cuenta o que platique con alguien y le den consejos de tomarse otra cosa”, alerta el médico familiar.

“La adherencia terapéutica anda entre un 25, un 50 por ciento. O sea, el adulto mayor toma generalmente la mitad de lo que le prescriben, pero él se automedica hasta un 30 por ciento”.

Aunque bien aplicada es positiva, la polifarmacia puede llegar a ser un problema si ocurren interacciones entre fármaco-fármaco, fármaco-individuo y fármacos con productos naturales.

La recomendación es que no se automediquen, revisar la lista de medicamentos actuales, que el paciente vaya acompañado de un familiar a la consulta para que no haya confusión en las prescripciones y que haya comunicación efectiva entre el doctor y los pacientes para que no haya duplicidad en la prescripción. 

EL FRÍO Y LA HIPOTERMIA 

Debido a que sus organismos no tienen la misma capacidad de mantenerse en homeostasis o en balance, los adultos mayores deben protegerse de los cambios de temperatura sobre todo con una vestimenta adecuada.

“Resulta que hace frío y nada más se habla de tener una capa extra, pero se ponen tres o cuatro y, ojo, ¿qué le pasa a mi cuerpo? Se calienta, transpira y mi capa inicial se humedece y con la temperatura fría eso es un riesgo, ese sudor es frío”, explica.

La hipotermia es la presencia de temperatura corporal menor o igual a 35 grados y es considerada una emergencia médica. Los signos de alarma son los temblores incontrolables, la disminución de la memoria, deshidratación, somnolencia e inconsciencia.

La vestimenta debe concentrarse en usar guantes, gorras, sombreros, bufandas y calcetines de lana, pues hay que recordar que la mayor parte del calor del cuerpo se pierde por la cabeza, manos y pies, dice el especialista.

Además, la dieta habitual necesita incluir calorías y se debe tener cuidado con no salir de inmediato a la intemperie después de bañarse.

LA PIEL Y LA RESEQUEDAD

Con el envejecimiento, la piel pierde elasticidad, adelgazándose y haciéndose más frágil, lo cual, aunado a las condiciones del invierno como el viento frío o seco proveniente de sistemas de calefacción, pueden provocar xerosis o piel seca.

La prevalencia de otras enfermedades como la diabetes o la tiroides hipoactiva, también pueden dar como resultado esta condición, complicarse en invierno y provocar un rascado crónico con riesgos de infección.

Se recomienda estar muy bien hidratado y ponerse lubricantes en la piel varias veces al día; además es aconsejable tomar baños diarios con agua templada, cerrar ventanas y evitar corrientes de aire.

 MALNUTRICIÓN Y DESCONTROL DE ENFERMEDADES

Con las reuniones sociales de la temporada, los adultos mayores con alguna enfermedad de base como diabetes, hipertensión arterial, EPOC (Enfermedad pulmonar obstructiva crónica), asma o males cerebrovasculares, pueden interrumpir su tratamiento o bien, empeorarlo.

“Deben estar conscientes que la mayoría de los adultos mayores traen enfermedades y se pueden descompensar. Por eso se tiene que cuidar la alimentación, porque si no la respetan ¿qué le va a pasar a su diabetes o hipertensión?”.

La alimentación saludable debe contener alimentos variados y equilibrados, ricos en fibras como frutas, verduras y granos enteros y preferentemente carnes blancas como pollo y pescado.

Se recomienda también ingerir 4 o 5 porciones de leche, yogurt, queso con bajo contenido en grasas que aporten proteínas, hierro, calcio, vitaminas y antioxidantes; además usar aceites vegetales como soja o maiz, y disminuir el consumo de grasa de origen animal como manteca y mayonesa.

La hidratación también es muy importante. En la tercera edad, las personas pueden experimentar disminución de la sed y presentar deshidratación, por ello se sugiere ingerir el agua necesaria para mantener hidratado el organismo, según el estado físico de cada persona.

EL ESTADO EMOCIONAL 

Nostalgias, tristezas y hasta depresiones pueden sufrir las personas de la tercera edad durante estas épocas, incluso afectando su estado de su salud si no se detectan las señales a tiempo.

“Los cambios climáticos tienden a deprimir. En invierno se limita la socialización y se junta con que no vienen los hijos o que hay un duelo y se agudiza todo esto”, dice el médico de familia.

“Esto puede repercutir en la salud, que no quiera comer, que no duerma o que ande con cambios de humor”.

Los datos de alerta de melancolía pueden ser tristeza excesiva, falta de interés, insomnio, aislamiento, pérdida de memoria, llanto fácil, entre otros y pueden ser tan fuertes que lleguen incluso a pensamientos de muerte.

“Por eso en enero y febrero mucha gente fallece, por todos estos factores, me puede subir una presión arterial por el estado de ánimo porque no vinieron mis hijos o por un coraje, o el lado contrario, estar alegre y olvidar tomar mis medicamentos”, asegura Raúl Gutiérrez Herrera, jefe del Departamento de Medicina Familiar del Hospital Universitario.

La mejor prevención se puede hacer a través de una buena alimentación, exposición a la luz solar, la socialización, las buenas relaciones familiares y la actividad física.

   
Fuente: aldiadallas.com
24 Jan 2018
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