Los ancianos trabajan para evitar la soledad

CIUDAD DE MÉXICO, 2 de abril.- A sus 74 años tiene a su cargo los 13 Institutos Nacionales de Salud y hospitales regionales del país. Romeo Rodríguez ha dedicado 45 años de su vida a la salud pública en México y piensa seguir haciéndolo hasta su último día.


-Yo no creo en la palabra jubilación, para mí en esta vida no existe, entonces me iré a jubilar cuando me muera-, dice.

 Va y viene resolviendo problemas en los hospitales, atendiendo invitaciones para dictar conferencias, organizando programas. Su ajetreada agenda incluye, al menos, 72 largas juntas de gobierno en las que se decide el rumbo de los hospitales cada año. Y todavía se da tiempo para escribir poesía e ir al gimnasio.

 
-La vida es muy corta y hay que aprovechar al máximo cada hora, pensar que cada minuto cuenta. Yo no puedo disfrutar no hacer nada-, expresa.

 
Tiene documentadas 500 conferencias que ha dado, prácticamente, en todo Centro y Sudamérica, España, Estados Unidos y Canadá. Y ha publicado ya diez libros.

 
A su edad, puede presumir que tan buena es su salud que en un biotest, obtuvo una edad de apenas 59 años.

 
-Sentí que estaba haciendo las cosas bien, que estaba orgulloso de poder vivir un poco más para ayudar otro poco, sobre todo en los temas que tienen trascendencia en la salud pública de los niños-, cuenta.

 Y es que ésta ha sido su principal pasión desde el quinto semestre en la Facultad de Medicina, cuando supo que estaba hecho para dar salud pública a los niños, y siguiendo sus sueños, se formó pediatra y convirtió en director del Hospital Infantil de México, y del Centro Nacional para la Salud de la Infancia y la Adolescencia.

 
A lo largo de su trayectoria, junto con los ex secretarios de Salud, Jesús Kumate, Juan Ramón de la Fuente, Julio Frenk y José Ángel Córdova Villalobos logró empujar la introducción de vacunas, como la de neumococo, que transformaron la vida de millones de niños en México.

 Y ahora con Salomón Chertorivski trabaja también en fomentar el tema de la lactancia materna. No para, cuando de niños se trata.

-Me siento realizado, muy afortunado, y muy orgulloso porque siento que he contribuido. A mí me gustaría que la gente como yo no se muriera en la víspera, desesperada porque llegue la jubilación-, comparte.

 Orgulloso y satisfecho con su trayectoria, hoy es un experto en su materia.

 El doctor ha publicado cerca de 100 artículos científicos sobre infectología, pediatría y reumatología pediátrica, cambiando la norma para la prevención primaria de la Fiebre reumática en México.

 En sus libros habla sobre pediatría, infectología y reumatología pedátrica, además suma otros ejemplares como coeditor.

Además es innovador y vive su vida con un toque emprendedor.

Romeo introdujo a nuestro país la prueba para detectar desviaciones del desarrollo en niños de cero a cinco años de edad

No sólo eso, también es miembro del Sistema Nacional de Investigadores, Nivel III.

Lo acompaña su genialidad matemática

Su escritorio es el único en la oficina sin computadora. Un par de plumas, algunas hojas, una calculadora, una pequeña lámpara y su grabadora son lo suficiente para que don Jaime haga lo que más le gusta: cuentas. Tiene 80 años y desde hace 20 sirve como voluntario en la Cruz Roja Mexicana.

A mí me gusta trabajar haciendo numeritos, ayudándoles en lo que puedo, aunque no sea mucho. Yo sé trabajar a mano, escribo feo pero claro y aquí con eso los ayudo, después otras personas pasan esto que yo hago a la computadora y así estoy muy contento-, cuenta.

 Maneja desde San Ángel hasta Polanco todos los días. Y no imagina la vida de otra manera.

-Yo no podría estar en mi casa todo el día sin hacer nada, además yo no se clavar un clavo, me clavo los dedos, yo no se pintura así de brocha gorda ni de brocha chica, me da miedo cambiar focos, entonces qué otra cosa puedo hacer, pues lo que aprendí y entonces trabajo, y modestia aparte, creo que los puedo ayudar y ellos me ayudan mucho, muchísimo-, confiesa.

 
Don Jaime se jubiló de la extinta compañía de Luz y Fuerza pero se negó a jubilarse de la vida. Así llegó a la Cruz Roja Mexicana con currículum en mano en busca de algo que hacer para ayudar, lo que fuera. Lo enviaron primero a desastres, pero de inmediato lo cambiaron a contabilidad.

 
-Tengo orgullo de decir que puedo ayudar, y que puedo servir de algo. Y voy a estar aquí hasta que me corran o alguna enfermedad severa me impida hacer numeritos, pero si me corren tampoco me voy a casa eh, me buscaría otro lugar para servir, aunque no me pagaran-, advierte.

Sus amigos y sus tres hijos han intentado persuadirlo para se quede en casa a descansar, a disfrutar del trabajo de años. -Nací para servir. No podría dejar de trabajar-, comparte.

 
Empaquetar y envolver le dan sentido a su edad


Corre arrastrando los pies por la línea de cajas del Soriana en busca de una bolsa para empacar los productos. Don Rafael los acomoda lo más rápido que puede: mete los más pesados abajo. Los entrega, y al cliente que sigue.

Tiene 77 años. Y a leguas se le notan las intensas ganas que tiene por vivir.

-Mi fuerte siempre ha sido el trabajo, siempre activo, siempre. Hasta que me dé un infarto o cualquier cosa me voy, porque ahorita tengo que convivir con los demás; mi deseo es servir, siempre me ha gustado ser servidor-, dice apretujando la manos para contener el gusto que le da contarlo.

 
Viaja al trabajo en transporte público de Iztapalapa a Polanco, desde hace seis años. En su historial no hay ni una sola falta o una llegada tarde. No tiene un sueldo, sólo recibe propinas y por eso todos los días se esfuerza en ser el más ducho. Y lo consigue.

 
-Soy de los que me llevo mas propinas. En la caja que me pongan yo le entro. Mi técnica es atender bien a las personas, saludarlas, acomodar bien su mercancía, cuando llevan algo pesado les pongo dos bolsas, entonces me dan más, y cuando traen a sus criaturas se las chuleo-, presume.

 
Perdió a Adelita, su esposa haces seis meses y ni eso lo derrumbó. Apenas habla de ella, se toca el corazón. Y sigue en pie.

 
Tiene 31 compañeros más que conforman el ejército de cabecitas blancas, encargado de empacar los productos al final de las cajas. Uno de ellos es Manuel, que tiene cinco años portando el pantalón y chaleco azul, camisa blanca, corbata y mandil que distingue a los “cerillitos” de la tercera edad. Ambos presumen cómo aún pueden valerse por sí mismos.

 
Pospone su jubilación asegurando a los demás

 

-Azcorra, diga-, responde don Juan al teléfono.

 

Le llaman los clientes que ha hecho desde hace más de tres décadas como asesor de seguros. Tiene 77 años y va y viene por toda la ciudad en busca de nuevos interesados. Hasta hoy, no ha pensado ni un solo día en el retiro.

 
-Cuando uno se jubila comienza a morirse, yo no tengo por qué apresurar ese momento no voy a dejar de trabajar hasta el último día de mi vida, mi país necesita que haya personas que sean útiles y ésa es mi intención. Llegará el día en que nada me va a quitar la tranquilidad y estaré quietecito, pero será cuando muera-, asegura con sonrisa pícara.

 

Se levanta a las cuatro de la mañana; desayuna, se baña y se pone el traje y la corbata; toma su portafolio y se va al trabajo: visita clientes, conoce a nuevos y les deja su tarjeta de presentación; siempre sonriente, como buen vendedor. A pesar, a veces, de haber tenido que soportar pisotones y codazos en el metro o el camión antes de llegar a verlos.

 -Yo creo que hasta el último día, debe hacer uno algo para sentirse satisfecho con uno mismo-, describe.

 Nació en los años treinta en Yucatán, trabajó desde chiquitito con su padre transportando mercancía a los lancheros y en una fábrica de maderas laminadas. Se casó en 1959 y 20 años después se consagró como asesor de seguros.


Luego de 7 hijos, 17 nietos y una bisnieta, en 2008, don Juan Azcorra quedó viudo, pero apenas el año pasado encontró una razón más para querer sentirse vivo y se casó por segunda vez. “Si llega a pasar que algún día ya no pueda vender seguros, me pondré a barrer todas las mañanas las banquetas”, dice con el acento yucateco que aún se le escapa.


Fecha: 02 Apr 2012


Fuente: Excelsior

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